Rosalía, de nuevo fumo y lo presumo
Por Ubaldo Cuadrado, Vicepresidente de Nofumadores.org
Publicado en La Voz de Galicia el 12 de febrero de 2026
Aunque Rosalía hace nada decía “ya no fumo y lo presumo”, la hemos visto fumando en un podcast de Esty Quesada (Soy una pringada). Todos sabemos que es muy difícil dejar el tabaco a la primera, pero Rosalía encendiéndose un cigarro públicamente envía un mensaje inequívoco para millones de niños y adolescentes en España y en el mundo. Lo que esta artista de talla mundial haga tiene repercusión. Ese fue, precisamente, el argumento que utilizó el diseñador mallorquín Miguel Adrover cuando se negó a vestirla hasta que la artista se posicionara públicamente sobre el genocidio en Gaza. Rosalía, que prefería el silencio por razones comerciales, acabó pronunciándose. Y consiguió su vestido.
Por eso, desde Nofumadores hemos decidido denunciar públicamente y en las instancias oportunas este episodio. Admiramos su música, Lux está posiblemente entre los 10 mejores álbumes a nivel mundial, pero creemos que Rosalía no es consciente —o no quiere serlo— de lo qué representa un cigarrillo, de lo qué son las tabaqueras ni del impacto que su comportamiento tiene sobre millones de menores. Lo que hace y dice una artista de talla mundial tiene repercusiones. De la misma forma que Bad Bunny, se ha convertido en un referente mundial de la lucha contra Trump, ICE y la deriva autoritaria de EEUU, Rosalía es el póster de las tabaqueras para socavar políticas antitabaco y de salud pública en todo el mundo.
¿A qué edad empezaste a fumar, Rosalía? Por probabilidad estadística, seguro que la respuesta es “antes de los 18”. La edad media de inicio del consumo de tabaco ronda en España los 14 años. No es casualidad. El objetivo prioritario de la industria tabaquera son los niños y adolescentes: personas sin capacidad legal ni madurez neurológica para consentir. Sin nuevos adictos jóvenes, la industria desaparece.
Casi el 88% de las personas adictas al tabaco lo son antes de cumplir la mayoría de edad, según el Informe Food and Drugs Administration estadounidense. Si en España se hubiera realizado un esfuerzo real por impedir el acceso de los menores al tabaco —algo que no se ha llevado a cabo, bien por desidia, bien por intereses creados— hoy la población fumadora sería residual. El tabaco, Rosalía, no es libertad. Es un producto de corporaciones con un pasado esclavista y un presente que demuestra que no se han alejado de esas raíces, que no sólo esclaviza al individuo a través de la adicción, sino que impone al conjunto de la sociedad una factura sanitaria, económica y de libertades intolerable.
Hay algo más que deberías saber, Rosalía. La industria del tabaco tiene una estrategia específica dirigida a las mujeres. Cada vez que enciendes un cigarrillo delante de una cámara y te ven niñas, refuerzas una idea de glamour que fue diseñada, financiada y difundida por esas mismas corporaciones que hoy te utilizan, aunque no seas consciente de ello. Permíteme parafrasear tus propias letras: las tabaqueras son una perla de la que nadie se fía.
A los palitos de la muerte los llamaron “antorchas de la libertad”. Así vendieron el cigarrillo a las mujeres cuando la democracia llegó a España. El resultado es devastador: el cáncer de pulmón, una rareza entre mujeres en los años setenta, supera hoy al cáncer de mama como principal causa de muerte oncológica femenina. Dicho en el lenguaje de las niñas que hoy te ven fumar: son sus abuelas, las boomers, las que están muriendo por decenas de miles cada año por haber caído en esa trampa. Y no solo de cáncer de pulmón: el tabaco o la exposición a su humo está detrás de aproximadamente el 30% de todos los cánceres.
Podrías haberlo hecho en el show de Jimmy Fallon, en Estados Unidos, pero ahí ni se te ocurre. Lo haces, por supuesto, en España vulnerando la ley, en el podcast Special People de Soy una Pringada, amparándose en tu estatus de estrella mundial. En otras palabras: en tu poder. “Lo hago porque soy Rosalía y me lo permiten”. Con la aquiescencia de la presentadora y con una falsa cultura de tolerancia hacia el tabaco que convierte en papel mojado las leyes que prohíben a los invitados de programas aparecer fumando.
De paso, haces una publicidad impagable —y gratuita— a corporaciones cuyo producto estrella mata a más de ocho millones de personas cada año en el mundo. Eso, Rosalía, no es transgresión, sino colaborar con el negocio de la muerte.

